¿Yo me quiero?
Debo confesar que me he descargado una app para meditar. No la uso tanto como pretendía. Si medito una vez a la semana es mucho. Pero sí uso una de sus funciones. Cada día me tira una frase, y las uso para inspirarme o reflexionar. ¡Cómo me cuesta meditar! Quizás es que mi cabeza no se queda callada nunca, y me distraigo con facilidad. Eso de respirar ya se me da muy bien, llego a la relajación corporal, pero cuando debo sostener el análisis interno. O cómo sea que se llame. Me pongo a sobrepensar. ¿Lo estaré haciendo bien? ¿Estoy relajada? ¿Cómo se sentirá estar completamente relajada? ¿Necesitaré a un experto para que me guíe? ¿Soy suficientemente capaz de relajarme al punto de no estar pensando en lo que tengo que planificar, en lo que tengo que decir en tal o cual momento, en las injusticias de la vida o en aquel rencor que aún no pude sanar? Tampoco es que viva estresada, puedo (como ya he escrito en otras entradas), poner la mente en pausa viendo un videoblog o a un simmer. ...