Un libro viejo

 Tengo tantas ganas de tener un libro viejo. A ver todos los lectores que leen desde niños, qué se siente  abrir un libro viejo, que hace años está en la biblioteca y que leíste sin entender mucho porque lo leías en esa época y de pronto, como si un halo de luz lo iluminara decidís volver a leerlo. En serio pregunto. Cuando era niña no había libros en mi casa, estaban algunos de la facultad de mi viejo y los infantiles, la bibliotequita de mis revistas infantiles y algún que otro libro interactivo que ya no me estimulaba por la edad. Pero libro, libros posta, no había. Y si había estaban escondidos porque no los recuerdo. 

Lo que sí recuerdo es que mis abuelas tenían libros. Una de ellas, la que ya no tiene un cuerpo físico tenía uno que en su lomo tenía una pareja heterosexual totalmente desnuda y conectada en un acto casi sexual. Yo creía entre mis cuatro y once años que era un libro de anatomía, ella siempre nos daba posters de los sistemas del cuerpo humano, tenía lógica en mi mente infantil. Cómo iba a pensar yo que mi abuela, además de ser mi abuela, era una mujer. 

Mi abue también leía, y tiene la letra más bella que jamás ví, después de la de mamá. Pero nunca veía dónde dejaba los libros mi abue. Hasta que un día tuve la altura suficiente para ver un libro, su título no lo recuerdo muy bien, pero  se llamaba inocencia rota o algo así... Inocente de mí le pregunté a mi abue si lo podía leer. La otra abuela no me dejaba leer el libro de sexo. Y este prometía que me iba a quitar algo de inocencia. Esa fue la primer novela que leí en mi vida, tendría once años. El país en el que vivo estaba atravesando una etapa indescriptible para este blog, y mi vida familiar había acabado hacía un año, mi inocencia ya estaba bastante rota o algo así...

El argumento que recuerdo era el siguiente: Un niño, aproximadamente trece años se va a casa de un pariente a vivir por no sé qué motivo de ruptura familiar (noten el paralelismo), y conoce a una chica, resulta que la chica lo engatusa con besitos y caricias que, mientras lo leía en aquel tiempo, creía yo que podía ser pecado y hasta sexo. El pibe anda atrás de la piba, la acompaña a todos lados, ella le enseña su mundo, y así de la nada, ella está embarazada. Este nene quiere hacerse cargo del que cree será su hijo hasta que habla con un adulto amigo y se entera que no era así como se hacen los bebés. 

Debo decir que me pareció, a mis once años, el libro más zarpado del planeta, y que mi abuela lea esas cosas me resultaba paradójico, ella reza todas las noches y estuvo casada con mi abuelo mucho más tiempo que la otra abuela divorciada. Ay, mis abuelas, eran dos malas influencias, una no temía mostrar dentro de la intimidad de su casa que el sexo era algo de su interés y la otra tenía libros en donde chicos apenas más grandes que yo ya hacían sexo. 

Lo anecdótico es que ese mismo año tuve mi primera menstruación, yo no comprendía que la actividad que estaba realizando con mis amigas antes de enterarme era cuasi erótica, yo tenía once, mi amiga tenía doce y la otra que estaba tenía catorce. Esta última me dijo agrandada cuando mi mamá le preguntó si me quería decir algo ahora que ya "era señorita". Y yo me avergoncé, primero porque no sabía que mi cuerpo podía sangrar tanto en tan poco tiempo, segundo porque estaba usando mi sensualidad como juego con mis amigas, mientras nuestras mamás tomaban mate a veinte metros, a dos o tres puertas de distancia.

En fin y redondeando, me encantaría leer nuevamente ese libro, convivo en el laburo con madres muy jóvenes y con nenes como el del libro, me gustaría poder analizar esa novela con los conocimientos que tengo en la actualidad.

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