La piba de la calle

 Hoy me crucé con una piba en la calle, y le llamó piba porque es más joven que yo, aunque sus ojos digan otra cosa. 

Resulta que estaba saliendo del trabajo y veo que una pareja estaba interrogando a un nene. Un morochito hermoso de aproximadamente siete años. El niño estaba sonriente, contando su aventura viajera hasta que escucho la palabra clave que es la interrogante máxima para mí en estos momentos de mi vida ¿Vas a la escuela?

No pude escuchar la respuesta del niño, pero su sonrisa no se esfumó, él estaba feliz. En la esquina veo a una piba con una beba en brazos y otras dos niñas, una adolescente. El niño corre hacia ellas, llevaba en su mano un paquete de bolsas de residuos vacías para vender. Las dos niñas que caminaban cruzan la calle al kiosco ubicado en la vereda de enfrente para luego mirar las vidrieras de las tiendas de la zona.  La piba cruza con los dos pequeños perpendicularmente para seguir el camino que ya tenía marcado.

Los observo en su dinámica, son una familia. Una organización familiar en crisis. Una piba con cuatro pibes, con cuatro hijos que anda vendiendo bolsas de residuos por la calle. Me acerco porque recuerdo que al día siguiente iría a saquear el ropero de mi recientemente fallecida abuela. Le pregunto a la piba si está vendiendo las bolsas y me dice que sí, me dispongo a comprarle y no tengo efectivo.

En ese momento comprendí que mi ayuda económica no era suficiente, pero que hacía al total de su objetivo. No iba a poder aportar ni quedarme con uno de esos paquetes porque el dinero en físico no me alcanzaba. Podría haberle preguntado si aceptaba transferencias, pero eso me parecía muy deshumanizante en ese instante. Así que le pregunté su nombre, ahora sé el nombre que le asignaron al nacer. Es muy bello su nombre, al igual que ella es muy bella en su labor. Mientras me hablaba miraba a sus cuatro niños, los observaba, los cuidaba y sabía que iban a estar bien porque ella está cerca. El pequeño también se presentó.

La piba me comenta que viene de lejos, de otra provincia y quiere llegar a casa de su hermana en donde tiene lugar para quedarse, pero aún no tiene trabajo. La nena mayor es muy parecida a ella, la veo a más de cien metros pero se nota su entusiasmo por la vida, y lleva a su hermana a explorar este mundo. La piba le dice al niño de ir a buscar a sus hermanas, porque no sabe qué están haciendo.

Luego de conocer a la piba, reflexiono las pocas cuadras que quedan hasta mi casa. Ella tiene sólo treinta años y carga con cuatro vidas humanas, que parecen estar viviendo y disfrutando todo lo que ella no ha podido. No tiene el acento de la provincia de donde dijo ser, por eso creo que no nació allí, que nació por esta zona, mas cerca de donde yo estaba creciendo. 

Cuando ella nació, yo tenía dos años, nuestros caminos se cruzaron ahora, pero pudo ser una de esas nenas de la plaza cuando iba para la capital y frenábamos en algún descanso para relajarnos. O de las que veía en el shopping explorando vidrieras, al igual que yo, sin posibilidades de comprar ninguna de esas prendas llamativas que lucían los maniquíes creados justamente para ser vistos, para lucir el trabajo de los diseñadores. 

A la piba le dije que cualquier cosa me podía encontrar por el centro al medio día. Estoy esperando verla y saber, si es que tiene suficiente para ir hasta lo de su hermana y si sus hijos pudieron comer ayer.  Ella y yo no somos tan diferentes, también tengo cuatro hijos, pero los míos son imaginarios, corren por mi mente cada vez que una luna me pone a dormir.

Es gracioso y triste, mi primer hijo lo tuve a los catorce años cuando creía que con solo mirarme y tocarme alguien podía embarazarme. Fue nefasto y estigmatizante, el pibe con el que noviaba en esa época me gritó en la calle que él se haría cargo de mi hijo porque el pibe que se aprovechó de mi en córdoba iba a desaparecer y él (¿ÉL?) no iba a ser el mayor cornudo de Mercedes. Mientras yo pensaba en cómo decirle a mi vieja que hacía dos días me tenía que haber venido y que en Córdoba un chico, no uno cordobés, me había tocado ahí abajo. Se rieron de mí en mi cara mi vieja y una tía; y me dijeron un par de insultos. Resulta que no era así cómo se hacían los bebés. Pero dejé traumado al pibe... espero me haya perdonado por ese noviazgo.

Mi siguiente hijo lo tuve a los dieciséis, el pibe, que era bastante mayor que yo (diecinueve), me queria embarazar, así como lo digo. No quería que ocuparamos protección y buscaba la forma para engañarme y convencerme de que eso era lo correcto. Un tipo de mierda, la verdad. No tenía ni un trabajo como estable y quería convencerme de dejar la escuela para ser su esposa. hay muchas cosas lindas que puedo recordar de ese noviazgo, fue bueno con mi hermano y con mi familia en general, tenía buenas intenciones en la vida y me mostró otras cosas del mundo que desconocía, como el sexo y el placer que se puede sentir al practicarlo. Pero no era mi persona, esa persona especial con la que se comparte el mundo. 

Resulta que el muy vago me convenció de no tomar la pastilla del día después,  y quedé con un miedo. Ya la había tomado dos veces durante el noviazgo y no me parecía que tenga que seguir haciendo esas prácticas sobre mi salud reproductiva. Pero era joven y no hablaba mucho con nadie del tema. Fueron siete días de saberme embarazada del hijo de este señor. Me deprimí, yo quería estudiar  y un bebé necesita muchas atenciones, no quería que lo crie mi mamá. Ya había elegido hasta el nombre, porque era una nena. Resultó en un atraso, no había nada. 

El tercero de mis hijos lo tuve a las diecinueve, hijo de un amigo mío con el que me solía divertir, y quién, al igual que mi ex, tenía gusto por manipular las cosas para convencer el  no uso de protección anti bebés. Qué susto me pegue ese verano, a ese hijo no lo quería, si no hubiese sido como fue, otra falsa alarma, estaría aún más traumada porque hubiese abortado la situación sin vergüenza ni castigo. Al flaco lo veo de vez en cuando por la calle y me saluda, para mí es más que un pelotudo, es el padre de mi tercer hijo imaginario.

Mi cuarto hijo y el más querido nació en el deseo con mi marido hace cuatro años. Es de lo más hermoso que la vida me pudo dar, aún no se ha materializado, pero es de lo más preciado. Lo más amado por sus padres. Le solemos decir, el hijo. El hijo, no solo un hijo, sino "el", con mucho énfasis porque elegimos que sea. 

Desde la intimidad de mis sueños redacto esta entrada, para él. El amor de mi vida que conoció a esta madre soltera hace ocho años y quiso estar con ella y con sus tres hijos imaginarios, que ahora son cuatro.

Voy a aclarar lo siguiente, esos hijos imaginarios son literarios, no les hice cama y comida. Pero él, sí es real. 

Tal como la piba de la calle lleve cuatro vidas a cuesta, tratando de ser fuerte, yo llevo cuatro ilusiones tan reales que duele ver el desequilibrio. La piba iba sola, no sé quién fue el desgraciado, ni por qué esta a sus treinta volviendo a casa con los nenes, espero verla pronto y averiguar más... Por lo pronto ella vive en mi recuerdo como una piba que es madre de cuatro y está haciendo hasta lo impensado para volver a vivir como lo hubiese soñado antes de...

Termino de redactar esta entrada en esta tela hermosa que me dejó la abuela para ser en sueños...


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